Mostrando entradas con la etiqueta chavez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta chavez. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de junio de 2011

El poder en manos del activismo ciudadano


Los iraníes utilizaron los sitios de las redes sociales para informar sobre la represión de las protestas callejeras.

Aunque hay quienes piensan que es incorrecto utilizar el término "periodismo ciudadano", el fenómeno está transformando la relación entre los medios y sus audiencias, además de causar un rotundo cambio al interior de la industria comunicacional: la existencia de herramientas tecnológicas accesibles, hace que cada vez más personas tengan la capacidad de colgar en la red informaciones, dándole un vuelco a los paradigmas tradicionales del periodismo. Ahora, el 6to poder, es el de la gente.

El periodismo cambió. O mejor, está en proceso de vertiginosa transformación. Ello, desde que la tecnología puso en manos de los ciudadanos herramientas para informar e informarse, sin depender de los grandes medios de comunicación social.

El paradigma de la comunicación, en el que un modelo vertical de comunicar (emisor - mensaje - audiencia) otorgaba todo el poder a los medios, cambió a uno de mayor horizontalidad, por lo que hoy deben incluirse términos como bidireccionalidad, interacción y retroalimentación en la dinámica de la comunicación.

Sin embargo, para Oscar Espiritusanto, periodista español fundador de Periodismociudadano.com, no existe rivalidad entre los llamados periodistas ciudadanos y los formales. "Pienso, utilizando un término del famoso cocinero español Ferrán Adriá, que hay que "deconstruir" la profesión periodística, y empezar a ver qué funciones tienen que hacer los medios de comunicación social, y cómo se debe establecer un verdadero diálogo con las audiencias".

Y es que no sólo cambió la dinámica, sino el resultado: de escasez de información y dependencia de las grandes agencias, hoy hay una inundación de noticias. "Este exceso hace que hoy los periodistas tengamos que hacer de filtro" explica Espiritusanto, tras comentar que la jerarquización tradicional de la noticia, no es infalible. "Sabemos por estadísticas que mucha gente no entra por la portada sino por la puerta trasera. Y hoy, lo que el periodista jerarquiza es ignorado por la gente, como se puede ver en portales como menéame (www.meneame.net), donde los usuarios jerarquizan con sus criterios. Así, esa multitud inteligente decide qué es lo importante".
Sin embargo, aunque pareciera que el periodista pierde protagonismo para ganarla el ciudadano, para el experto en el tema es el mejor momento de la profesión. "Son tiempos de recoger información, ponerla en contexto y crear formas de comunicación con la gente".

No es periodismo

Luis Carlos Díaz, periodista, coordinador de redes sociales del Centro Gumilla y bloguero, no cree que el periodismo ciudadano, tal como se conoce, sea realmente periodismo. Fernando Nuñez Noda, director de Infociudadano.com comparte su criterio. Y es que los ciudadanos no utilizan la técnica periodística al elaborar sus notas: no corroboran, mezclan la información con opinión o les faltan datos.

"Ya en los años 90 se presentó el debate de que las agendas de los periodistas volvieran a enfocarse en las necesidades ciudadanas. Ahora, el proceso de adopción de nuevas tecnologías, le da la facilidad a la gente de colgar y producir contenidos en la red" explica Díaz, quien dice que el fenómeno ocurre a nivel masivo en todo el mundo, afirma que prefiere llamarlo "infociudadanía" (que es la posibilidad de informar e informarse, así como de consumir de manera gratuita y en abundancia, información). "Es más bien una situación que permite que las personas se aglutinen, se organicen y accionen. Pero por más interesante que sea, no es periodismo. La gente coloca insumos a los que un periodista puede darles orden y construir con ello un articulo".

El fin de la primicia

El cambio para la profesión es obvio. "Ya no se puede hablar de tubazos. La inmediatez está en manos de la gente. La función del periodista es poner orden en este desconcierto" dice Díaz, y Nuñez Noda aclara que los ciudadanos reaccionan, sobre todo, en grandes eventos noticiosos, "en esos momentos son tremendamente útiles sus aportes, pues están en todas partes", dice.

El reto, coinciden en todos los foros sobre el tema, es cómo dialogar con estas audiencias, ahora autónomas y con conciencia de su poder, para que medios y usuarios, puedan favorecerse con información de calidad.

Para Espiritusanto hay que dar la mayor libertad posible, tal como hace CNN en su portal, permitiendo -al estilo de Youtube- que la gente cuelgue el contenido que desee, sin censura previa. Díaz afirma que muchos medios matan la espontaneidad ciudadana al apropiarse de los contenidos que se envían. "La llegada de herramientas como Twitter le permite a la gente tener voz propia y construir su propia reputación". Sin embargo, sigue prevaleciendo el precepto de confirmar antes de publicar.

En Venezuela no es tan pujante el periodismo ciudadano, y según el análisis de Díaz, la explicación se encuentra en que la coyuntura política obliga a que lo local pierda valor. "Todo lo que nos afecta a los venezolanos está signado por los centros de poder. No importa si estas en Charallave o en Petare. La gente termina siendo parte del debate nacional de la polarización por lo que pierde fuerza lo local".

Por: ALIANA GONZÁLEZ

Fuente: El Universal

lunes, 25 de abril de 2011

Un salto político con red

Arriba a la izquierda, Wael Ghonim, el directivo de Google que convocó 'online' la protesta egipcia, y el 'tweet' en que saludaba el triunfo de la revuelta. A la derecha, el bloguero chino Isaac Mao. Abajo a la izquierda, Claudia Cadelo, una de las voces más seguidas de la blogosfera cubana y la activista rusa Marina Litvinovich, azote del Kremlin.


La revuelta egipcia evidenció el poder de internet como arma de movilización social

Pocos imaginaban hace escasos meses el sentido que podría llegar a cobrar a nivel político la ya manida expresión "internet lo cambia todo".

La revuelta democrática en el mundo árabe ha puesto más que nunca de manifiesto el enorme potencial de la red como herramienta de movilización social. Las protestas en Túnez o Egipto, y la arriesgada lucha por los derechos humanos en China, Rusia o Cuba son ejemplos de campos de batalla adversos pero fértiles para que surjan audaces activistas políticos.

Una generación que ha encontrado en internet el arma perfecta para desafiar las restricciones a la libertad de expresión en sus países. Voces dispuestas a reivindicar el sentido esencial de la actividad política, demostrando que el liderazgo puede y debe ser puesto al servicio de la sociedad.

Y aunque algunas de estas batallas parecen perdidas de antemano, milagros de aún incierto desenlace como la caída de Hosni Mubarak en Egipto demuestran que, a veces, sólo hace falta que alguien prenda la mecha para que nos demos cuenta de que la voluntad popular cohesionada resulta imparable.

Wael Ghonim. Egipto

Sería absurdo atribuir a una sola persona el mérito de una revuelta como la egipcia. Pero sería también injusto no reconocer el determinante papel de Wael Ghonim en la convocatoria online de la protesta del 25 de enero, que terminó a los 18 días con un régimen de 23 años.

El jefe de marketing de Google para Oriente Próximo y Norte de África incubó la revuelta a través de la página de Facebook Todos somos Jaled Said, un homenaje al bloguero de 28 años muerto a manos de la policía secreta egipcia.

No obstante, Ghonim siempre ha tirado de modestia en sus declaraciones. "Nuestra revolución es como la Wikipedia. Todo el mundo contribuye en su contenido aunque no sepamos sus nombres. La Revolución 2.0 es exactamente lo mismo. Juntos dibujamos esta revolución en la que no hay héroes", explicó a la CBS.

Pero no fue internet lo que convirtió a este treintañero en el rostro visible de la oposición y le dio fama mundial. Al ser liberado tras pasar 11 días detenido en pleno auge de las protestas, su emotiva aparición televisiva, llorando por los jóvenes muertos en la revolución que había contribuido a iniciar, evidenció que la capacidad de impacto de la pequeña pantalla sigue siendo insuperable.

Isaac Mao. China

El principio de unidad del que habla Ghonim es el mismo sobre el que lleva años teorizando Isaac Mao, considerado el primer bloguero de China. Este arquitecto de software, conocido por su carta abierta a Google en que criticaba al gigante de internet por plegarse al sistema de censura del gigante asiático, es el padre del sharism o compartismo.

Utilizando conceptos de la neurología, Mao parte de la idea de que compartir está en la naturaleza humana, y defiende que gracias a la red el conocimiento estará al alcance de todos. "Cuanto menos compartes, menos poder tienes", afirma el joven cuyo blog tuvo que exiliarse a un servidor extranjero tras criticar el sistema de censura más sofisticado del mundo.

Mao sigue muy de cerca la revuelta en el mundo árabe y cree que la revolución llegará a su país en forma de un cambio de mentalidad de sus líderes.

Marina Litvinovich. Rusia

La veinteañera que en 2001 le explicaba a Vladimir Putin qué era eso de internet se ha acabado convirtiendo en una de las más feroces críticas del líder ruso.

Tras una fulgurante carrera en la consultoría política, Marina Litvinovich es hoy una de las blogueras rusas más influyentes e implacables con los excesos del Kremlin en el "simulacro de democracia" -como lo calificó hace poco Mijail Gorbachov- en que ha convertido el país la era Putin-Medvedev.

Litvinovich ha participado en la creación de varios diarios online así como de la web para dar a conocer su incómoda investigación de la crisis de rehenes de Beslan en 2004, en que el polémico asalto de las fuerzas de seguridad provocó la masacre de 300 personas, más de la mitad niños.Un esfuerzo que los poco familiarizados con el alfabeto cirílico podemos conocer gracias a los sistemas de traducción que incorporan algunos navegadores.

Al igual que la malograda Anna Politkovskaya, Litvinovich ha denunciado también la brutalidad de Moscú en el Cáucaso. Por ahora, ni las detenciones por participar en protestas opositoras ni la misteriosa paliza que sufrió en 2006 han logrado amedrentarla en su lucha contra los abusos de la oligarquía rusa.

La revolución que inquieta a la Revolución 

La fuerza de internet inquieta al anquilosado Gobierno cubano. Lo descoloca. En un primer momento, el régimen de los Castro optó por la censura a la vieja usanza ante la proliferación de blogs en que la disidencia halló vías de expresión inimaginables en los medios convencionales.

Una treintena de blogueros, como la irreductible Yoani Sánchez o la joven Claudia Cadelo, han encontrado en internet una ventana al mundo en que el mero retrato de la cotidianidad se convierte en la más demoledora crítica a un sistema que oprime y mantiene a su pueblo en la miseria.

El régimen trata ahora de contrarrestar el fenómeno inundando la red con blogs cuya retórica revolucionaria es a menudo muy agresiva.

También resulta sintomática la condena del Tribunal Provincial de La Habana del contratista estadounidense Alan Gross a 15 años de prisión, por su participación en un "proyecto subversivo de Washington contra Cuba". Según EE UU, Gross simplemente trataba de facilitar el acceso a internet a la pequeña comunidad judía de la isla.

El próximo julio, cuando se complete la conexión mediante fibra óptica entre Cuba y Venezuela, se multiplicará por 3.000 la capacidad de acceso a internet. Irónicamente, la Revolución 2.0 podría llegar a la isla a través de la hermana república chavista.

Marcel Llevat

Fuente: ADN

jueves, 17 de marzo de 2011

Internet y la revuelta árabe

"¡Queremos libertad!"

Lo que está ocurriendo desde hace semanas en el mundo árabe es uno de esos fenómenos que moverán el andamiaje de la historia. Pero al margen de las consecuencias políticas que traerán estas revueltas y que solo podremos observar con detenimiento cuando pasen, al margen también de las consecuencias en el mercado energético y defendiendo que el futuro debería dirigirse hacia cotas aceptables de libertad, democracia y progreso económico, lo que sí que podemos asegurar es que internet ha sido clave para organizar protestas y esparcir el mensaje al mundo entero. Lo que en Occidente sirve a diario a millones de jóvenes para divertirse, en Libia por ejemplo, donde un tercio de la población tiene menos de 15 años y una proporción mucho mayor menos de 25, se ha utilizado para respirar libertad.

Según un estudio del Centro Internacional de Asistencia a los Medios de Comunicación (CIMA), en los países árabes las redes sociales han superado ya a los periódicos como fuente de información. En dicho informe se señala como solo Facebook tiene más usuarios (17 millones) que las 14 millones de copias de periódicos que se venden en la región. De todos los usuarios de redes sociales, cinco millones están en Egipto y las utilizan para poder seguir las noticias que más les interesan en lugar de dejarse guiar por el criterio de la prensa más oficialista. Y es que la mitad de la población se informa por internet frente a un 34% que lee la prensa escrita. Solo en dos semanas los usuarios de Facebook en el país gobernado hasta la fecha por Mubarak han creado 32.000 grupos. Además, según un estudio llevado a cabo por Google, en los últimos siete días lo que más se ha buscado en la red han sido noticias relacionadas con la revuelta en el mundo islámico, antes que música o imágenes.

Lo que están demostrando estos episodios es que las redes sociales no solo son capaces de informar a la opinión pública sino también de movilizarla, incrementar la transparencia y hacer tambalear a los regímenes. Los jóvenes de la revolución del 25 de enero, los que hicieron caer al dictador Mubarak, gestaron la hazaña en internet. Y es que la mayoría de los 160.000 blogueros que existen en Egipto tienen entre 25 y 30 años y el 30% de ellos escribe de política. Por este motivo, algunos gobiernos han acompañado en los últimos años la construcción de nuevas redes con otras medidas para controlar lo que se publica en la red, poniendo en el punto de mira a periodistas digitales. En Egipto, por ejemplo, hasta el momento existía un departamento de 45 personas encargadas exclusivamente de controlar lo que se publicaba en Facebook. Fue el caso del encarcelamiento del bloguero Andel Kareen durante cuatro años acusado de haber insultado al Islam y difamado contra Mubarak. Sin embargo, pese a esta represión, el número de blogs ha ido creciendo en los últimos años. En 2009, en los países árabes había activos alrededor de 35.000 blogs y a final de 2010 ya funcionaban unos 40.000. Frente al monopolio de los medios tradicionales, la región está viviendo una irrupción de nuevos medios digitales más libres y un incremento del interés por parte de los ciudadanos árabes, que se estima superen los 100 millones de internautas para 2015 frente a los 40 actuales.

La resistencia de Gadafi, las dimisiones de los presidentes egipcio y tunecino, las posteriores celebraciones del país se han podido seguir en directo a través de las televisiones, radios y páginas web de los diarios de todo el mundo pero lo más importante también a través de los comentarios, imágenes y vídeos que los protagonistas y espectadores de los acontecimientos han colgado en medios como Twitter, Facebook y Youtube.

En este último caso, solo en las primeras 24 horas después de la dimisión de Mubarak se habían subido 3.470 vídeos referidos a Egipto y 2.740 al líder derrocado. Entre los vídeos más vistos, las escenas de la gente en la plaza de Tahrir o las declaraciones del presidente de EE.UU.. En el caso de Túnez, los primeros días de la revolución, la foto que muchos internautas árabes eligieron para su perfil de Twitter fue la de Mohamed Bouazizi, el joven que se inmoló y que encendió la mecha de las protestas. Semanas después, cuando la plaza de la Liberación de El Cairo se llenó por primera vez de manifestantes, las fotos de Bouazizi fueron sustituidas por banderas. Por si fuera poco, desde que comenzara la revuelta de Egipto el consumo de los juegos on line en la zona ha descendido un 50%. Otro ejemplo, en Wikipedia, minutos después de confirmarse la dimisión de Mubarak, los editores ya habían cambiado la información y donde antes podía leerse "presidente de Egipto", pudo observarse "Hosni Mubarak, político y militar, fue presidente de la República Árabe de Egipto". Todo esto demuestra que la revolución digital crece veloz. La tercera parte de la población mundial ya es internauta. Facebook ha conectado a casi seiscientos millones de personas en todo el mundo. Los mensajes ya no son cosa de las operadoras, sino de Twitter, que procesa 60 millones al día. De Youtube, donde vemos a diario 1.900 millones de vídeos. En el fondo, subyace la idea de que la gente tiene ganas de crear. De comunicar. Las barreras de generación de contenidos se han reducido a la mínima expresión. Y en este punto, el concepto de actualidad puede que esté cambiando desde hace tiempo.

Poco a poco se ha ido estableciendo en las mentes la idea de que la importancia de los acontecimientos es proporcional a su riqueza en imágenes. O, por decirlo de otro modo, un hecho que se puede mostrar es más fuerte, más eminente que el que permanece invisible y cuya importancia es abstracta. Es el nuevo orden social. Las palabras o los textos no valen tanto como las imágenes. Y al concepto de actualidad se le une la transformación del concepto de la veracidad de la información. Ahora un hecho es verdad no porque responda a criterios, rigurosos y verificados en sus fuentes, que también; sino porque además todo el mundo se haga eco de él. Los jóvenes de Egipto, Túnez y Libia han conseguido que si algo pasaba, uno de ellos estaba allí para grabarlo y después contárselo al mundo. Hace un año, también se encontraban ahí pero no eran noticia. Hoy con internet, las cosas han cambiado.

Por Andoni Orrantia
Fuente: Deia

martes, 22 de febrero de 2011

Jóvenes y redes sociales: terror de dictadores


Ningún dictador abandona voluntariamente el cargo. Cuba acaba de rechazar la petición de la ONU de democratizarse como Egipto y Túnez. Raúl Castro debe estar arrepentido de haber dado cierta libertad a los reprimidos internautas cubanos, quizá para celebrar el regalo del muy costoso cable submarino que Chávez pagó, una vez más, con dinero esquilmado a los venezolanos. El contagio tunecino y egipcio sigue extendiéndose por el mundo árabe. La oposición Libia denunció más de 10 muertes durante las protestas del “Día de la ira” contra el dictador Gadafi . Los tiranos saqueadores del tesoro público y que se resisten a abandonar el poder utilizando sus sanguinarias milicias, están temerosos del fin que les espera al mirarse en el espejo de Ben Alí y Mubarak. El brutal exdictador tunecino recién sacado del poder por las masivas protestas populares, sufrió un accidente cerebrovascular en Arabia Saudí y está en coma. A Mubarak no parece irle mejor. A los dos ya les han congelado en Suiza las cuentas con fortunas mal habidas y la justicia de sus países siguen indagando en el resto del mundo.

En Venezuela, Gobierno y oposición siguen atentamente los acontecimientos egipcios y no porque esa crisis haya hecho subir el petróleo por encima de $100, lo que da un respiro al gran dilapidador. Los venezolanos estamos atentos a tales hechos (preocupantes para unos y envidiables para otros) porque se originaron en causas que en Venezuela existen casi copiadas al carbón. Y decimos “casi” porque de los venezolanos se ha dicho que no somos suizos pero, a juzgar por las protestas masivas de tunecinos, egipcios, yemeníes, libios y hasta iraníes, tampoco somos árabes. En Caracas ha estado una veintena de estudiantes en huelga de hambre frente a la OEA reclamando la libertad de los presos políticos, incluidos los hoy casi abandonados diputados Pilieri y Mazuco, sin que las organizaciones estudiantiles universitarias, ni partidos políticos ni el Gobierno les prestasen atención alguna hasta que se encendieron las alarmas después de transcurridos 17 días de ayuno. ¡Y pensar que la chispa que incendió la pradera tunecina fue un joven de 23 años que se inmoló en la plaza para expresar su rechazo a la represión, la pobreza del pueblo y las injusticias del dictador Ben Alí! Su sacrificio provocó una ola de indignación popular que produjo la salida del dictador.

En Túnez, pero sobre todo en Egipto, fueron los jóvenes (en su mayoría de clase media) quienes demostraron a través de las redes sociales ser el motor que movilizó a los egipcios y los convirtió en una fuerza invencible. Aun más que el sorprendente triunfo de Obama gracias a su hábil uso de Internet, “la revolución cibernética de Egipto” -como la denomina The New York Times- emprendida por 15 jóvenes, logró movilizar masivamente a lo egipcios y derrocar a Mubarak. Narran David Kirpatrik en The NYT y Francisco Carrión en El Mundo de Madrid, que estos 15 chicos nacieron por el tiempo en que Mubarak arribó a la presidencia. Todos ellos profesionales universitarios, pertenecen a la generación Facebook, aunque han permanecido sin rostro, dada la criminal eficacia de la policía secreta egipcia y su sistema de espionaje. El más notorio de ellos es Wael Ghoning, ejecutivo de Google, detenido durante 12 días y quien después de la caída de Mubarak ha salido en la prensa como el vocero del grupo. Su capacidad organizativa fue asombrosa. Hicieron pruebas en barrios de El Cairo y diseñaron horarios estratégicos hasta producir el estallido popular. Se movieron tan ágilmente a través de la red, que no hubo “inteligencia” policial capaz de descubrirlos. Cuando se “filtraba” que protestarían en una mezquita y la policía se presentaba allí, ellos estaban manifestando en un barrio rodeados de pueblo. Hasta idearon una fórmula para frenar los feroces ataques de los “partidarios” de Mubarak (que resultaron ser policías de civil): los jóvenes usaron barras de acero para romper el pavimento y sacar piedras con las que se defendieron e hicieron grandes barricadas. Estos “héroes digitales” sintieron enorme ira ante la brutalidad policial, la miseria circundante y estaban hartos de ser sometidos por un dictador desde que nacieron y del enorme desempleo juvenil en todos los sectores. En su cuenta Twitter, Wael Ghoning dejó escrito lo que nuestros jóvenes en huelga de hambre frente a la OEA también dicen: “La libertad es una bendición por la que merece la pena luchar”.

“Todo Gobierno totalitario requiere silencio y sometimiento del pueblo” denuncia el Bloque de Prensa Venezolano ante la arremetida del régimen contra los medios e Internet. Sometimiento que cesa cuando el pueblo y sobre todo los jóvenes se rebelan. Ahí están Egipto y Túnez para demostrarlo.

Marta Colomina
Tomado de: Biendateao

lunes, 20 de diciembre de 2010

El líder autoritario ataca los “enemigos de clase” y al principio todo parece funcionar

Algunos miembros del Team "Amigos de los Pobres".
Lecciones de la historia

Más o menos un tercio de los países de América Latina están gobernados por líderes que aplican la receta del autoritarismo divisionista. La receta es así. Se empieza con una prédica populista basada en la demonización de una minoría a la vez rica y maligna. No basta que sean ricos, porque si este fuera el único rasgo no sería fácil justificar la agresión. Lo importante es que además sean malignos. Hitler llevó el tema a sus extremos, pero el marxismo no se quedó muy atrás con la demonización de la burguesía, grupo malvado no por decisión sino por naturaleza. Y los sucesores del marxismo original precisaron el concepto, haciendo de todos los que se le opusieran “enemigos de clase”, malvados por definición.

Con estos elementos, la receta es fácil. Como los amigos son más que los enemigos, y los enemigos son ricos y malignos, postulemos una conducta dirigida a quitar su riqueza a los enemigos para dársela a los amigos. Los escrúpulos morales no interfieren, porque no los atacamos porque queremos su dinero, sino porque se lo merecen. Esta es la receta chavista, sandinista y similares. Atacar sistemáticamente a los enemigos con dinero, y prometerles a los amigos que se lo vamos a dar a ellos.

Claro que si se intenta hacer eso en una sociedad liberal regida por el derecho, la cosa se dificulta. El mandamás no puede hacer todo lo que quiere. Enseguida después del enemigo primario, entonces, se vuelven enemigos todos los que no permiten que el mandamás actúe sin límites. La prensa, los tribunales, y el sistema mismo de derechos y libertades se convierten en “libertades burguesas”, “residuos de la oligarquía” o en cosas semejantes que deben ser destruidas para construir el nuevo orden. Atacar la libertad de prensa, destruir la división de poderes, crear tribunales y milicias populares, subordinar la justicia al poder, etcétera, son conductas propias de esta estrategia.

El sistema funciona, por un tiempo. Y aquí vienen las lecciones de la historia. Porque si uno presta atención verá que hay dos etapas en la evolución de estos regímenes. La primera es de crecimiento. El líder autoritario ataca a sus enemigos con violencia cada vez mayor, a la vez que enardece a sus amigos con promesas cada vez más extremas. Y mientras esto dura, el sistema parece funcionar. Pero la historia muestra que el compañero ineludible de estos procesos es la destrucción de la economía. La economía requiere de gente que genere riquezas, y en la medida en que el sistema se dirija a atacarlos sistemáticamente, la riqueza deja de producirse y empieza a disminuir.

Hasta hace un tiempo se sostenía que no importaba que la economía privada sufriera, porque el estado tomaría su lugar. Pero en el siglo XXI eso ya no es sostenible. Todos y cada uno de los sistemas que trataron de basar su economía en la dirección del Estado fracasaron miserablemente. Repito: todos. No hay un solo ejemplo de economía colectivista exitosa. Algunas tardaron más en caer y otras menos, pero todas fracasaron. ¿Por qué insisten, entonces? Probablemente porque en estos sistemas los exitosos son los líderes. A estos sí les sirve.

El autoritarismo estatista tiende necesariamente a la corrupción. Cuando el poder conduce la economía, la dirección de las empresas públicas es resultado de la distribución del poder, y en esas condiciones el poder y el dinero tienden a juntarse.

Empieza, entonces, la segunda etapa. Los enemigos vienen y van, pero los enemigos se acumulan. Tan pronto las cosas empiezan a estar mal, algunos de los amigos de antes anticipan el cambio y pasan a ser enemigos, a veces con la esperanza de pasar a ser líderes después del cambio. Por uno u otro camino la marea cambia de rumbo y la oposición empieza a ser cada vez mayor.

La segunda etapa llega así a un punto crítico. En cierto momento el autoritario empieza a perder, y no puede sostenerse con elecciones aunque sea en un entorno de represión. Llega el momento de decidir si se acepta perder el poder, y se asume el riesgo de venganza de los que sufrieron de los ataques previos, o se “profundiza la revolución” y se eliminan las elecciones. Muerto el perro, se acabó la rabia.

Los que han hecho esta segunda elección también terminan fracasando. El deterioro económico se profundiza, y las promesas de un mundo mejor son cada vez menos creíbles, por lo que los enemigos son cada vez más, y los amigos cada vez menos. Pero pueden tardar más. Con una represión desenfrenada pueden durar 70 años, como la URSS o Corea del Norte, o 60, como Cuba o Albania. Pero en tiempos modernos la receta de Enver Hoxa o del “reverendo líder” Kim Il Sung (aislar el país, impedir la información del exterior, y acentuar la represión interna) difícilmente funcione, por lo menos para los que ya tienen conexión a Internet. Cuba pudo tomar este camino porque no existía Internet cuando empezó. Pero hoy, parece difícil.

No creemos que los procesos de Corea del Norte, Albania o Cuba puedan repetirse en sociedades modernas de información, especialmente cuando se empieza desde un nivel cultural relativamente elevado como el prevaleciente en América Latina. Y si tenemos razón, una vez que la economía empieza a deteriorase, la suerte de los autoritarios divisionistas está echada. La caída puede demorarse, pero es inevitable.

Los autoritarios latinoamericanos fracasarán, como fracasaron todos los que lo intentaron antes. El único sistema económico que funciona es el que respeta a quienes producen la riqueza, y les reconoce garantías mínimas en un entorno de derecho. Eso, sin embargo, no se aplica a sus conductores. Estos ganan poder, y en la mayor parte de los casos ganan dinero mientras dura, y tienen una buena chance de escaparse después. A veces logran escapar de la ira y frustración que queda al fin de su período. Los que nunca escapan son los habitantes de los países sometidos a estos experimentos, que siempre terminan con sociedades destruidas, sometidos a resentimientos duraderos, empobrecidos y acostumbrados a la desesperanza.

No entendemos, en definitiva, como puede haber quienes defienden estos experimentos. Las lecciones de la historia son demasiado claras. Nadie ha tenido éxito, jamás, por ese camino.

Tomado de: EL OBSERVADOR